lunes, 15 de octubre de 2012

Atonement

Es domingo por la tarde en Nueva York. El viento sopla con un poco más de calidez que en los últimos dos días y en el salón de casa resuena Beirut. Mi ama está ocupada limpiando, y yo he aprovechado que se ha dejado el ordenador encendido para acercarme a él sibilinamente y escribir esta breve nota.

Mi dueña me ha castigado. En un descuido mío ha descubierto el blog, ha leído todas las entradas y se ha molestado conmigo. Le ha parecido especialmente indiscreto que publicase October Tenth a mediados de la semana pasada, aunque yo diría que lo que realmente le ha dolido es que criticase su talento literario. En represalia, ha cambiado todas las contraseñas de acceso al sistema operativo, y llevo desde entonces intentando crackearlas. De Houdini a hacker en tres semanas, qué cosas.

Creo que tendré que ir a recolectar unas cuantas castañas para ponérselas bajo la almohada, a ver si así me perdona. Prometo seguir escribiendo en cuanto pueda.
 
¡Desconecto, que viene!

miércoles, 10 de octubre de 2012

October Tenth

Con tanto respirar humo del metro y beber cloro en la piscina creo que la buena de mi ama está perdiendo la chaveta. Ya no le basta con hablarme en sueños sino que además ahora le ha dado por escribir sinsentidos. Malísimos, por cierto. ¡Si Benedetti levantara la cabeza…!

October Tenth

Todo empezó a medianoche.
Lo recuerdo. Parecían las seis.
Hacía frío a doscientos sesenta metros del suelo
y la luz se refugiaba en un gigante de hierro y cristal
a la espera del alba.
Un chai latte dibujado en tinta azul
sobre un cuaderno castaño
fue testigo del violeta en tu bolsillo,
contagiado por la calma soleada
del laberinto de espejos.
Después, una brújula apuntó hacia el extravío
y el extrañamiento extemporáneos.
A lomos de un ornitorrinco,
la antorcha inmóvil de una gran dama
iluminaba el silencio del agua
inmune a los flashes;
estrellas urbanas titilaban a lo lejos,
gélidas y hermosas.
El día duró treinta horas. Lo recuerdo
porque esa noche aprendí
que la vida cobra caro su presente:
te arrebata a una persona,
                                            te concede una ciudad.
10/10/10 12

domingo, 7 de octubre de 2012

Opening Night

Anoche acompañé a mi ama a una inauguración. Como no cabía en su bolso de fiesta me puse mis mejores galas, me atusé cuidadosamente el pelaje y me limpié minuciosamente las garras.

Cuando llegamos ya había anochecido. Nuestro taxi nos dejó justo delante de un curioso edificio blanco de formas curvas rodeado de gente elegante. Dentro había música, un bar y muchos más simios, así que me costó un poco formarme una idea de en qué clase de lugar me encontraba. Mi ama, en cambio, parecía inusualmente ilusionada.

Nada más llegar la recibió una dama, redondeada y familiar, con un vaso de ofrendas en su mano derecha. Era solamente el inicio de lo que estaba por venir. Mientras ascendía por la rampa se fueron desplegando un sinfín de obras bicromáticas, un paréntesis delimitado entre una mujer planchando y un beso apasionado.

Ella las iba saludando a su paso con una leve inclinación de cabeza como si de viejas conocidas se tratase pues, de hecho, algunas lo eran. No podía evitar sentirse emocionada al volver a ver a aquellas amigas que la habían protegido y cuidado durante los últimos dos años y que ahora se reencontraban con ella en Nueva York para traerle lo mejor de su pasado y recordarle que no estaba sola. Que apenas unas semanas antes habían estado ante los ojos de las personas a las que había dejado atrás y se habían traído sus miradas prendidas a su superficie. Por eso se le pusieron los ojos más brillantes de lo habitual cuando se topó con su caballo favorito. Eran lágrimas furtivas de alegría e incredulidad por hallarse en aquel espacio, pero también de agradecimiento y nostalgia. Una casualidad afortunada que era también un pequeño milagro: el eslabón perfecto para unir dos realidades.

Miraba, también, a los tres bípedos que la acompañaban y pensaba en la suerte que tenía de poder compartir aquella experiencia con otros seres humanos que le devolvieran la sonrisa y con los que poder intercambiar lo extraordinario de encontrarse allí, en aquel edificio extraño pero cautivador, en aquella ciudad de oportunidades y sueños. Y en ese momento no importaba lo que estuviera por llegar porque aquel instante era perfecto por sí mismo.

Creo que lo que le sucedía a mi ama, simplemente, es que anoche era feliz.

 
[Yo, en cambio, todavía estoy intentando entender qué bellotas es eso del Cubismo].

NYC for Dummies (II)

En su segunda semana en NYC, mi ama ha aprendido lo siguiente:
  •  "Split the lane?” Es lo más romántico que te pueden decir en una piscina neoyorquina. Casi tanto como “¿Ghastas pista?”.
  • El azafrán es un artículo de lujo.
  • Los ángeles guardianes existen de verdad.  Lo desasosegante es que su existencia denota que son necesarios.
  • Una rejilla de metal sobre un hornillo no es lo mismo que un horno tandoori.
  • El tamaño de las porciones en un restaurante es inversamente proporcional a la cantidad de velas que lo iluminen.
  • Jamás te fíes de un autobús neoyorquino. Podrías aparecer en algún punto indeterminado de Harlem a donde ningún metro ha llegado jamás.
  • Ir en taxi puede ser lo más próximo a una experiencia cercana a la muerte
  • El Ayuntamiento de NYC ahorra en iluminación urbana para que las mujeres con tacones vivan en permanente riesgo de desnucarse.
  • En todos los países hay céntimos tirados por el suelo. En USA van tan holgados que hasta arrojan billetes de un dólar.

 

YMCA

Apostaría a que lo primero que viene a la mente de cualquiera que lea el título del post es esto cuando en realidad a lo que se refiere es a esto otro. En otras palabras, mi ama nada dentro de una de las canciones icónicas de los años 70. Tal cual. Y tengo que admitir que mi faceta retro (esa que admira la elegancia de la ardilla gris de Bambi igual que los bípedos veneran a Audrey Hepburn) adora la idea.

El caso es que después de imaginarme a mi dueña nadando con un penacho de plumas en la cabeza, mi lado curioso decidió bucear un poco (nunca mejor dicho) y esto es con lo que me he topado. ¿Soy la única que lo encuentra deliciosamente irónico?

Pero en el YMCA no se conforman solamente con ejercitar tu cuerpo sino que también procuran que mantengas la mente despierta. En las duchas, por ejemplo, te proponen acertijos. Un visitante poco espabilado podría pensar que cuando el mando gira hacia la sección en rojo con una H marcada debería salir agua caliente. Eso sería demasiado sencillo. En YMCA el incentivo reside en adivinar qué ducha tiene mandos que se corresponden con la realidad y qué duchas funcionan justamente a la inversa. Las gozosas expresiones de los avezados nadadores cuando reciben un chorro de agua helada en plena cara avalan claramente la efectividad de este método.

Mens sana in corpore gelido.

Saturday Night Fever

Nosotras las ardillas somos animales diurnos y por lo tanto nos movemos en función de la luz solar. De lunes a domingo. Los bípedos en cambio son bichos diurnos de lunes a viernes y nocturnos el fin de semana. No sé cómo pueden haber llegado a la cúspide de la pirámide evolutiva con semejante descontrol de biorritmos.

El sábado por la noche mi ama salió a reunirse con otros dos bípedos del otro lado del puente de Brooklyn. La idea era visitar un festival de las artes que se celebraba allí al lado, pero como quedó suficientemente demostrado durante la velada, una cosa es lo que los bípedos planean y otra muy distinta es lo que finalmente acaba sucediendo.

La primera prueba fue encontrarse. No puede ser tan difícil, pensaba yo. Pero me equivocaba. La estación tenía tantas salidas que tras varias llamadas, unos cuantos mensajes y no pocas vueltas finalmente mi dueña y los dos bípedos acabaron citándose en el propio andén del metro porque por el medio se produjo un cambio de planes y se canceló lo del festival. Cuando me quise dar cuenta mi ama estaba en el Soho esperando por un tercer humano. Con lo sencillo que es quedar bajo el segundo árbol a la derecha…

La segunda prueba fue cenar. Habiendo cientos de sitios, lo complicado sería no hacerlo, seguía pensando yo. Pero tampoco. Mi dueña y los tres bípedos iniciaron un peregrinaje que los llevó prácticamente hasta Little Italy sin toparse por el medio con ningún lugar digno de consideración. Finalmente - por desesperación - optaron por un local chiquitín pero coquetón. Craso error. Se trataba de un lugar en el que los platos tenían las dimensiones de lo que en España sería una tapa. Salieron con tanta hambre que en cuanto encontraron un lugar abierto se compraron un par de muffins. Esta vez mi ama se apiadó de mí y me dio unas miguitas con disimulo.

La tercera y definitiva prueba fue tomarse algo. Para entonces yo ya no hacía suposiciones. Lo que siguió a la cena fue algo que mis humanos denominaron deriva urbana, cuando en mi árbol eso se conoce como vagar sin rumbo por calles desiertas. ¿No se supone que Nueva York es la ciudad que nunca duerme? Pues aquella zona debía de ser narcoléptica.

Por fin, MacDougal Street se abrió ante ellos y allí encontraron un local que proyectaba películas mudas y tenía las mesas hechas de pizarra para que los clientes dibujasen o escribiesen. La velada entonces se transformó en una partida de ahorcado con películas ambientadas en la ciudad, y dada la cantidad que hay la noche se alargó bastante.
Foto por cortesía de uno de los bípedos.
Lo malo del plan fue que la partida era solamente para bípedos así que yo me quedé encerrada en el bolso sin poder meter baza. Para resarcirme dejo aquí mi aportación. ¿Quién quiere jugar conmigo?

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domingo, 30 de septiembre de 2012

Surprise, Surprise!

Aunque a veces mi humana me saca un poco de quicio, he pensado en organizarle una pequeña sorpresa para alegrarle la oficina, así que se inaugura nueva sección: Welcome to the Independent Republic of Your Desk! Se pueden consultar los detalles en la pestaña situada inmediatamente debajo del título del blog o haciendo click aquí.